A veces me pregunto cómo vive la gente que no tiene altibajos, la que no se pone eufórica por menudencias ni se viene abajo por gilipolleces.
Cómo será estar siempre más o menos igual, no agarrarse un rebote porque los planes no salen como uno había imaginado (o sea, el 99,9% de las veces), porque se ponga a llover, por haber tenido un día descentrado en el trabajo, por un beso que no llega, o por la opinión de alguien que, si nos pararamos a pensarlo, nos daríamos cuenta de que nos importa una mierda.
A veces me pregunto, si ser equilibrado será sinónimo de ser feliz, y me imagino que si, porque estar estable y por los suelos tengo entendido que se llama depresión profunda.
Supongo que no debería quejarme, porque si no hubiera desequilibrados no existirían cosas maravillosas como el arte, el turismo de aventura o el alcoholismo social. Aunque por otra parte, si las personas estables no fueran la mayoría, no existiría la raza humana porque habríamos sido aniquilados por completo, en la primera tarde tonta del que en ese momento tuviera el control sobre las armas nucleares.
Y hasta aquí mi reflexion absurda del sábado, os dejo con las fotos que tienen ya un par de semanas (de antes de que mi flequillo tuviera un encuentro muy desafortunado con las tijeras del pescado).
Besitos negros,
Kora
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