El caso es que el otro día, mi amiga Isa vino a comer a casa, y cuando los vio al pie de la escalera, casi se le salen los ojos de las órbitas de lo terribles que le parecían, y ahí ya me preocupé, de estas veces que piensas "no puede ser que el mundo entero esté equivocado, debo de ser yo la que está confundidísima".
Y entonces decidí que tenía que conseguir meterlos en un outfit en el que no parecieran tan "ladygagaistas" lo más pronto posible, porque si no, los iba a arrinconar en el zapatero y al final no me iba a atrever a estrenarlos nunca.
Y así me iba a ir hoy a trabajar hasta que me he acordado de que me tocaba currar sola y de que los fines de semana hace muchísimo frío en la oficina, así que he reservado el look para cuando tenga el público que me merezco y me marcho a currar forrada como si me fuera a escalar un 8.000.
Nada más por hoy.
Bueno, si, un consejo: No os fiéis de lo inofensivas que parecen las clases de pilates desde afuera. Que no os engañen esas abuelitas respirando profundo en calcetines. El pilates, amigas, es un invento maligno, y los instructores, en su mayoría unos sádicos que se camuflan detrás de esa pose de místicos. Llevo una semana con un dolor en los abdominales que parece que voy a dar a luz un demonio con un jinjolero a cuestas, y si alguna vez me deja de doler, cosa que a estas alturas dudo, nunca, nunca, nunca, voy a volver a esa clase, porque no es posible que, con los medios a mi alcance, me porte tan mal como para merecer tamaño castigo.
Y ahora que ya me he quejado a gusta, ya si que me despido.
Besitos,
Kora.
| Jumper: H&M, Shirt: Mango, Faux Leather skirt: South, Bag: Primark, Wedges: Koi. |


