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viernes, 9 de marzo de 2012

Humo, efemérides y ganas de carbohidratos.

Kora dice:




Hay mañanas en las que uno tiene silencio en la cabeza. Se levanta en sin hacer ruido y los sonidos que vienen de fuera son sólo matices de esa quietud infinita en la que todo parece lento, suave y un poco irreal. 

Suena el despertador, pero me quedo unos minutos mirando al techo. Me llaman. Hablo por teléfono. Lo bueno esta clase de silencio es que aunque se rompa un momento después sigue intacto. Salgo al patio. Hace un sol tan blanco, tan increíblemente puro, tan benévolo que dan ganas de abrazarlo o de dejarse abrazar por él. Cierro los ojos.He estado necesitando esto todo el inverno.

Quiero magdalenas. Y un café con mucha espuma. Como soy una maestra en el noble arte de conformarse y no ir nunca a la compra hasta que la nevera es un solar, acabo desayunando un expreso instantáneo y una crema catalana. Adiós dieta. No me importa. Hoy no me importa casi nada.

Las gatas juegan a perseguirse la una a la otra y yo pienso que si todavía fumara, sería el momento ideal de fumarse un cigarro. Recuerdo a mi madre, hace muchos años, en una tumbona en la casa de la sierra, fumando y riendo por la mañana temprano mientras yo recogía fresas cerca de sus piernas. También recuerdo a alguien que ya no está, liando un cigarrillo en una terraza de la calle Bravo Murillo, bebiendo horchata de melón y haciendo promesas que la ley judía prohíbe hacer en domingo. 

Normalmente me agoto de pensar muchas cosas que no tienen nada que ver, y a la vez, pero hoy, recién levantada, moviéndome despacio, como si flotara en gelatina, las imágenes vienen a mi cabeza a un ritmo tan pausado que parece un festival de cine coreano. 

Me acuerdo de mí misma fumando un cigarro sentada en al alfeizar de la ventana de un hotel de Cuenca, recuerdo que a mis pies crecía una higuera, y a mí espalda alguien dormía. Recuerdo la temperatura que hacía, la ciudad despertándose, y estar allí, medio desnuda y en paz, como el instante antes de que estalle la tormenta que nadie se espera. Que nadie se esperaba. Recuerdo estar allí, siendo una parte insignificante, pero una parte, al fin y al cabo de algo grande. Sencillamente "estando", como ahora mismo, pero sin humo y con pijama. Con algunas canas.

Pueden cambiar muchas cosas, de un extremo a otro del tiempo, pero nosotros, en lo más profundo, seguimos siendo los mismos. Y reaccionando ante la vida, en esencia, de la misma manera. A nuestra manera.

Y en mi caso, cuando estoy confusa sigo levantándome con ganas de silencio. De sol. De tabaco, y de magdalenas.


---- Prometo hacer por salir de este estado contemplativo y hacer un post de outfit y banalidades en condiciones este fin de semana, hasta entonces, mil gracias por vuestra paciencia ------